miércoles, 17 de marzo de 2010

Las Castas y la Democratización en India


Las lecturas que a continuación se muestran y de las que se toma postura, son las escritas por Christophe Jaffrelot (Caste and the rise of the marginalized groups), y Ashutosh Varshney (Is India becoming more democratic?). Ambas obras se complementan entre sí, dando explicación clara al proceso de democratización en India. No obstante es un país lleno de contrastes, los dos autores concuerdan en que el proceso democrático de las castas, ha surtido efecto al sistema político indio. Los autores dejan ver que la entera democratización del país, lleva consigo amplias interrogantes que remiten a la profunda desigualdad del país.
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Jaffrelot señala que, por décadas el poder político fue ejercido enteramente por las élites tradicionales de India, que buscaron lugar y así lo encontrarían en el Partido del Congreso, dominando la vida política desde la época post-independentista luego de 1947. Como eran las clases “propietarias”, mantenían el control sobre la industria y las actividades de los negocios.
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El aspecto que siempre sobresale y que no puede soslayarse, es que la clase dirigente ha sido, es y será aquella que cuenta con los estándares de competitividad que otros no tienen, y en política es lo mismo, aquellos con mayores estudios (aunque ello no refleje capacidad), serán los que dirijan los destinos de una nación. De ahí que los miembros de la élite hayan sido abogados y provinieran de las castas más letradas, por ejemplo “Brahamanes y Kshatriyas”, que a su vez eran castas superiores, como sacerdotes, profesores, guerreros, políticos, entre otros.

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Estos políticos habían establecido con antelación vínculos con otros hombres de negocios inclusive antes de la independencia, y fueron ellos asimismo, quienes iniciaron financiando el Partido del Congreso, logrando mantener patrones e influencia sobre dicha estructura, a la que no tenían acceso las castas inferiores. La manera en que ejercían poder, era sobre los dueños de las grandes extensiones de territorio, en base a una política clientelar que se efectuaba a través de ellos para con las otras castas, manteniendo controlado el poder político, correspondiendo únicamente a lo que podemos llamar “caciques indios”. Por ejemplo, la reforma de la tierra nunca fue llevada a cado para no “alienar a los grandes hombres rurales que apoyaban al Partido del Congreso” (p. 68).
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No obstante el poderío de las élites, éstos no realizaban acciones afirmativas, en beneficio de castas inferiores, porque el voto de ellas no era uno a conciencia, sino basado en simples dádivas. Pero las castas inferiores que se ubicaban en el sur de India así como en el occidente, donde ni la élite ni las castas superiores tenían presencia, comenzaron a gestar un movimiento silencioso que después tomaría el nombre de “revolución de casta pacífica”, o revolución silenciosa, que reivindicaba los derechos de distintas castas subalternas en torno a la participación política.

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El caso significativo que presenta Jaffrelot, es el de Uttar Pradesh, donde Charan Singh se enfocó en la defensa de la casta de los Kisans. Por una parte había acciones afirmativas encaminadas a buscar adeptos para legitimar autoridades y partidos, lanzando candidatos para el Partido Socialista, por ejemplo; mientras que Singh buscaba “emancipar al campesinado de la dominación de los dueños de la tierra así como del Estado” (p. 76). Basta recordar que él pertenecía a la casta Vaishya (comerciantes). Entre lo que serían sus demandas, estaban aquellas de proveerles de electricidad a precios justos así como ofrecerles precios razonables para sus productos. Así nacería una tradición política que representaba los intereses de los trabajadores rurales.
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Entidades partidistas han experimentado ascensos meteóricos, como el BSP en Uttar Pradesh, que en 1991 conservaba un 8.7% del voto válido en elecciones generales, pasando a un 24.7% en 2004. Tristemente, se hace ver, el BSP así como muchos otros partidos en India, han funcionado como instrumentos de castas, y no han sido por tanto verdaderas opciones para los ciudadanos indios en general (p. 79). Digo lamentablemente, porque en una democracia las agrupaciones partidistas extienden la mano a cualquiera, en una generalidad, no a un grupo de personas que cumplan con tales o cuales características (en este caso características de casta). En este sentido, no deseo hacer ver que la democracia en India no vale o es falsa, como presenta Varshney en su artículo, sino que simplemente plantean otras variables de análisis que explican dicho proceso en India, variables de peso que de igual manera determinarán su porvenir.
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Varshney compara el desarrollo político en el Sur y Norte de India. “El Sur ha desarrollado una base política más intensa que cualquier otra parte”, señala. Y es que las castas más bajas vinieron a ejercer notoriamente el poder a partir de 1950-1960. Vino el empoderamiento de dichas castas, de las que se sabe, socialmente han representado “jerarquía” e “inequidad”. Resulta interesante cuando Varshney platica sobre el nacionalismo hindú, del que arguye está para la unidad del hinduismo, no para la conciencia de casta[1], de ahí que el empoderamiento de las castas inferiores haya logrado que se realicen coaliciones a partir de dicho nacionalismo, independientemente de lo ideológico. Por ejemplo, el nacionalismo hindú tuvo qué aliarse en 1998 y 1999, para ganar las elecciones. Las castas inferiores entonces, les han obligado a emprender compromisos que antes no afrontaban.
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Puntualiza Varshney que en el Sur, las castas bajas han generado sus propios líderes, mientras que en el norte la estructura ha sido y sigue siendo un tanto vertical (de arriba hacia abajo) y las castas bajas dependían en este caso de las primeras bajo un esquema clientelar. Lo curioso es que las castas bajas han roto relaciones una vez en el poder, y aunque en ocasiones no representan amplios votos, son suficientes para llegar a consensos con otros grupos, de esa forma se explica que “las políticas y programas de gobierno han adquirido un nuevo impulso”. Pero un dato asombroso es que, al momento de redactar el artículo “un 49.5-50.5% de empleos del gobierno estaban siendo reservados para castas bajas”, mientras que la cifra ha venido en aumento.
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Dado que la participación de las castas bajas, ha sido incentivada por aquellos liderazgos que han surgidos de los mismos grupos y en lo sucesivo también secundados fuertemente, es que se dice que “la democracia se ha indigenizado, y la sombra de Oxbridge (Oxford y Cambridge)” se desvanece poco a poco (p. 7). Esto se dice puesto que las élites anteriores habían sido educadas en el extranjero, tomando provecho de las posibilidades de las que algunas castas sí podían gozar, en este caso hablamos de la educación, tal como ocurrió en México con la oleada neoliberal, primero impulsada desde el gobierno por Miguel de la Madrid Hurtado.
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Lo que me llamó la atención, es cuando Varshney argumenta que el reto para la democracia en India, estriba en convertir al electorado en uno más participacioncita, pues de lo contrario es una democracia “falsa” (p. 13). Pero no lo manifiesta por el hecho de que no se haya incrementado la participación, sino porque ésta no ha sido suficiente para lograr un balance socioeconómico, de ahí que señale que India tiene “profundas inequidades socioeconómicas”. No está por demás recordar sus más de 1,100 millones de habitantes. En lo que no estoy de acuerdo, es cuando menciona aquello de que las elecciones en India “son básicamente un ritual”, ya que según el autor “combina una democracia formal con una cubierta autoritaria”, ciertamente la pobreza es manipulada por la élite política, mas ello no significa que los comicios sean un mero ritual. Lo que creo que el autor quiere decir, es que los resultados de las elecciones, y más aún las acciones de gobierno no representan con gran ímpetu las urgentes necesidades de millones de pobres.

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Lo importante es decir, que si bien el proceso de integración indio no ha sido del todo incluyente, como lo señala el autor, el camino refleja que las burocracias en el Sur están dejando paulatinamente de ser de la casta de los Brahamanes, por citar un ejemplo. Lo desafortunado es que las diferencias entre las castas parecen ser imborrables, pues contrario a lo que se pudiera pensar, las mismas parecen reconstruir su historia y todo lo que les une. Por otra parte, las acciones afirmativas han esgrimido una nueva “contra-élite”, que ha pasado a encabezar la movilización social, pero el verdadero logro de la autonomía para algunas castas en el gobierno, viene directamente de “vínculos verticales, no de una movilización horizontal” (p. 20), manifiesta acertadamente el autor, pues el peso de las decisiones viene de arriba, permeando poco a poco los estratos más bajos, descentralizando paulatinamente la toma de decisiones.
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Observemos la trascendencia de una de las tres críticas que cita Varshney respecto a India: “una seria crisis de ingobernabilidad, ha resultado debido al incremento de la participación política y la inhabilidad del Estado para responder adecuadamente a los grupos emergentes y sus demandas”, puesto que el gobierno se ha enfocado demasiado en muy estrechas identidades y en metas puramente económicas, dejando de lado también la expansión de oportunidades sociales (p. 21). Estoy de acuerdo en que “la democracia puede ayudar a disminuir desigualdades, por lo menos sociales”, lo que nos remite al cese lento de la discriminación o enfrentamientos entre religiones, pero hay que reconocer que como estipula Varshney, “India está aún lejos de convertirse en una democracia desde abajo”, aunque el poder democrático se esté moviendo hacia dicho lugar (p. 22).
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El camino democrático en India, es uno más de un conglomerado que forma parte de la historia mundial. Ciertamente una generalización puede redundar en errores significativos, mas lo que deseo expresar es que son siempre la élite y la aristocracia de un país, quienes mantienen la dirección de sus destinos, a veces más con intereses muy particulares que nacionales, como ha ocurrido en India. Y no es que ello estribe en que tales actores sean indeseables, sino que la lógica establece que dicho patrón se ha convertido en regla.
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Aunque el proceso de democratización de las castas ha sido uno un tanto natural, ello no significa que diste mucho de parecerse a otros procesos en el mundo, que derivan en que en distintos tiempos y formas, las clases subalternas han sido manejadas en base a políticas clientelares, y en posterioridad han despertado del letargo particular, asumiendo la responsabilidad y exigencias de su época.
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No obstante dicho proceso haya alcanzado grados más altos de participación política, gracias a la organización de parte de líderes interesados en la movilización y emancipación de las ideas, un verdadero proceso de integración en democracia no será alcanzado pronto, como dejan entrever los dos autores, pues como se dice en Ciencia Política, si hay injusticia social no puede haber democracia, e India es hoy por hoy una nación que adolece de tanta marginación como cualquier otro país en pleno subdesarrollo, siendo hoy, por ejemplo, un país no autosuficiente, así como altamente dependiente del petróleo con una demanda del exterior de un 75% del mismo, mientras que los pronósticos para próximos años, reflejan que India estará importando un 95% del petróleo que se consume al interior, según datos divulgados por la Revista de Estudios Económicos Latinoamericana, editada por la UNAM.
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Aún cuando la democratización en India haya ido paulatinamente en ascenso y extendiéndose, ello no indica que la representatividad sea mejor en India que en países altamente democráticos y representativos como Estados Unidos, pues basta recordar aquello que se expone en las lecturas, de que la estructura de su sistema político es todavía vertical. No se puede hablar entonces de que la participación e influencia en India sea ejercida de forma horizontal, pues solamente ocurre mediante los partidos y las cuotas en el gobierno, y ello no es muestra de gran representatividad, pues en todo caso estaría dada por la influencia que pudiera tener un ciudadano indio o grupo de ellos en la toma de decisiones de su congresista o incluso en la corte suprema, como sí ocurre en EU.

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Bibliografía

Varshney, Ashutosh. (2000) Democracia y minorías. “Is India becoming more democratic?” The Journal of Asian Studies. Página 3-25. En Plataforma Blackboard (ITESM).

Jafrellot, Christophe. (2007). “Caste and the rise of marginalized groups”, en Ganguly, Sumit et. al. (eds.), The state of India’s democracy. Baltimore: Johns Hopkins University Press. Página 67-88.
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[1] Cabe recordar que en India sobresalen dos religiones predominantes: el Hinduismo e Islam, siendo ésta última una religión minoritaria en el país. No obstante hablamos de unos 200 o 300 millones de musulmanes indios que practican el Islam.

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