miércoles, 13 de diciembre de 2017

Honduras y el robo de una elección

Cada pueblo debe encontrar su camino y construir su destino.

José Isabeles

Estos días Honduras ha estado en el ojo del huracán. El país celebró elecciones el 26 de noviembre para renovar, entre otros cargos, la Presidencia de la República, pero los resultados brotaron manchados por la opacidad y la represión del gobierno central que ha generado unas 15 víctimas mortales y más de 800 detenidos.

El caso es singular, porque en México viviremos la fiesta democrática más grande de la historia en 2018, ¿se va el PRI o no se va? Debemos de tomar nota de cómo se roba una elección presidencial, o mejor aún, tomar nota de cómo evitarlo. En 1988 Carlos Salinas de Gortari llegó al poder a través de la ya famosa “caída del sistema”, y en Honduras, mire usted, pasó casi lo mismo, también se cayó el sistema, se apagó o lo apagaron.

La misma Organización de Estados Americanos (OEA), según información de El País, señala en un agudo informe un “cúmulo de irregularidades, errores y problemas sistémicos” que rodearon al proceso, antes, durante y después de la jornada electoral. Y afirman categóricos: así no se puede tener certeza sobre los resultados.

El apagón no duró una hora ni dos, duró unas 36 horas (¡!), acorde a la oposición, ¿36 horas? ¡No!, ¡imposible pensar mal! Esta situación ya nos pasó en México, ¿nos volverá a pasar? La oposición en Honduras pensaba con elementos en la mano, que muy a pesar del fraude que ya se estaba orquestando por el oficialismo, ellos saldrían masivamente a votar y vencerían ese megafraude, pero esos reeleccionistas encabezados por Juan Orlando Hernández Alvarado, actual presidente y candidato por el Partido Nacional de Honduras, se están robando la elección.

Prohibido olvidar. Recordemos que Manuel Zelaya fue presidente de 2006 a 2010, en Honduras, y fue destituido y expulsado por militares. Desde ese momento se ha vivido bajo el yugo de la militarización del país (no crea que como en México, nooo), que actúa sigilosamente muy de la mano de la élite política, mediática y los enormes intereses transnacionales disfrazados de corderos. La “contraofensiva conservadora en el continente” americano, sigue más vigente que nunca, parafraseando a Ricardo Arturo Salgado Bonilla (Honduras: A seis años del Golpe de Estado, 5 de julio 2015).

Salvador Nasralla, candidato de la Alianza Contra la Dictadura, asegura que las cosas se pondrán peor, pero EUA ya se apresta a legitimar un eventual reconocimiento del presidente reelecto. Reelección, por cierto, que está prohibida por la Constitución de Honduras.

Nuestra experiencia en México, para este caso particular nos dice que la batalla por la democracia está perdida, al menos pasarán otros cuatro años para volver a luchar. Mientras tanto, en Tegucigalpa el caos y el vilo al máximo.


Twitter: @joseisabeles

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